TOMB RAIDER: COLOSSUS

COLOSSUS

INTRODUCCIÓN

PEEL (ISLA DE MAN). REINO UNIDO.

Lara Croft se dirigía hacia el Castillo de Peel con su moto, había encontrado pruebas que demostraban que uno de los fragmentos de la Armadura del Coloso se encontraba en el interior de las ruinas del longevo Castillo. Concretamente, en la tumba de un antiguo héroe Celta, llamado Mannanan.

El interés de Lara por dicha armadura había aumentado mucho en las últimas semanas. Fue el primer artefacto que encontró en las búsquedas del archivo. No había recibido ningún encargo de nadie, desde que ella regresó de África hace unos meses, decidió ir en busca de objetos mitológicos por su propia cuenta, una vez más. Quería evitar problemas con mercenarios locos, al menos durante un tiempo.

– Zip, supongo que tendré que esperar a la noche para entrar en el castillo, ¿verdad? – dijo por el comunicador.
– Verdad. Los turistas no se pasean por el castillo cuando es de noche, y aunque estoy seguro de que podrías pasar desapercibida, será mejor ocultarse hasta que no haya nadie –
– ¿Está protegido? –
– No. El castillo está olvidado, solo van a visitarlo algunos turistas empedernidos –
– Bien, porque nadie tiene conocimiento alguno acerca de la armadura, solo unos pocos investigadores. Aunque ellos tampoco conocen su localización… –
– Hace un par de años, un hombre quiso acceder a las ruinas del castillo, estaba seguro de que allí se hallaba algo importante – comentó Zip.
– Pero su intento fue en vano. Le tomaron por loco y nunca más volvió a mencionar el asunto – añadió Lara.
– Así es…  –
– La gente de a pie cree que es un simple castillo en mitad de la nada, pero oculta un artefacto de gran poder en el interior de la tumba. Ahí es donde entro yo – alegó Lara, sonriente.

La arqueóloga llegó a su destino minutos más tarde, aparcó su moto cerca del castillo y esperó a que se hiciera de noche para infiltrarse en las catacumbas del paraje.

– Parece que he venido el día en el que hay más gente… –

Lara suspiró.

– Sé lo duro que es para ti esperar, pero no queda otra opción – comentó Zip.
– Paciencia, Lara. Ahí dentro te espera algo grande, merece la pena… –
– Ya lo sé, ya lo sé – interrumpió Lara -. No soy nueva en esto.

CAPÍTULO 1: ENTRADA A LAS CATACUMBAS

UNA HORA MÁS TARDE.

Con todo despejado, Lara se alejó de su moto y caminó lentamente hacia el interior del castillo. La puerta secreta que conducía a los túneles subterráneos del lugar se encontraba tras una de las paredes.

– Angel, ¿alguna idea? –
– No lo sé, Lara. Estoy mirando en multitud de libros que he encontrado en el archivo, pero no encuentro la forma de hallar la entrada –
– Prueba con la linterna, quizá encuentres algo sospechoso – sugirió Zip.
– Veamos… –

Croft encendió la linterna y se paseo frente a los muros del castillo, pero resultó inútil.

– Creo que debo tomar una alternativa –
– Mientras sea algo discreto… – dijo Angel.

Lara empezó a palpar las paredes del lugar, una a una, con paciencia. Tras unos largos minutos, comprobó que una zona tenía una textura diferente a las demás. Era allí.

– Ajá – susurró Lara, mientras empujaba la falsa pared con todas su fuerzas.

La arqueóloga desveló un camino oculto a lo que parecían unas catacumbas que se dirigían hacia lo más profundo del Castillo de Peel. Era, sin duda alguna, un atajo sin descubrir.

– Parece que he hallado la entrada a las catacumbas – dijo Lara.
– No me aparece nada en el mapa, tampoco está registrado en los radares – comunicó Zip.
– Si alguien ha estado aquí antes, ha preferido guardar el secreto, digo yo – alegó la arqueóloga.
– Estoy seguro de que es una entrada paralela a la tumba del héroe celta – intervino Angel.
– Ahora lo averiguaremos – concluyó Lara.

Encendió la linterna y empezó a bajar por unos escalones empedrados, al final había una puerta de madera robusta, Lara la abrió y se quedó sorprendida al ver lo que le esperaba tras ella.

– ¡Es la tumba de Mannanan! O, al menos, una de sus cámaras – exclamó Croft.

Avanzó por la cámara hasta llegar a la siguiente, estaba completamente abandonada. Una pared de cristal obligaba a Lara a no poder continuar su camino. Observó la mampara y guió su mirada hacia el suelo; una inscripción antigua anunciaba algo.

Speculum patet superius et inferius. El espejo muestra el arriba y el abajo –

Croft se volteó y observó otro grabado en el suelo, esta vez se trataba de un dibujo con forma de palanca. Recordó la frase que había leído antes y miró hacia arriba, descubriendo una palanca, esta vez real.

– Hmm… –

Sacó el garfio magnético y lo enganchó en la palanca, tiró de ella y la mampara de cristal empezó a ascender.

Lara sonrió mientras caminaba hacia la siguiente cámara, la que ocultaba la tumba de Mannanan.

CAPÍTULO 2: LA TUMBA DE MANNANAN

Allí estaba, el lugar de reposo final de aquel mítico guerrero celta.

Lara se acercó con cautela, una vez frente a la tumba, pasó la mano por encima de esta y buscó un tirador para exhumar el cadáver del guerrero.

– Precioso – susurró Lara mientras retiraba la tapa de la tumba de Mannanan, vio el trozo de artefacto y lo cogió con rapidez, liberando así una estela azul algo peligrosa.

La arqueóloga desenfundó sus dos pistolas y apuntó hacia el aura que, poco a poco, se iba acercando hacia ella, realmente amenazante. De pronto, el color azul se desvaneció y una figura humana, con rasgos de muerto viviente, se puso ante ella.

– Has liberado al guerrero Mannanan, has intentado robar una pieza de la armadura. Es inaceptable –

Lara apretó los dientes, apuntando hacia el guerrero.

– Solo estaba recuperando un artefacto perdido, es lo que hago –

El guerrero rió de forma diabólica.

– Pues es hora de que dejes de hacerlo, insolente – susurró Mannanan lanzando una bola de energía oscura hacia Lara.

Por suerte, gracias a la atención de la arqueóloga, ésta pudo esquivar el proyectil con una rápida voltereta hacia un lado. Seguidamente, empezó a disparar contra él sin temor alguno. Sin embargo, la sorpresa fue ingrata; los disparos solo atravesaban el aura de Mannanan como si de un fantasma se tratase, haciendo que las balas no surtiesen ningún efecto ante él.

– Mierda – masculló Lara.
– ¿Acaso crees que puedes vencer a un guerrero celta tan poderoso como yo? – preguntó él, atravesando el cuerpo de Lara.
– Agh… – exclamó ella, debilitada por el movimiento del guerrero.
– Eres como una marioneta, mortal. Si vuelvo a atravesarte, estarás más que muerte –

El auricular de Lara se encendió.

– Croft, sal de ahí, ¡ahora! – gritó Angel desde atrás.
– Debo… Coger la armadura… – pudo decir Lara, tosiendo.

Mannanan volvió a volar hacia ella, pero cuando quiso atravesar su cuerpo por segunda vez, ella saltó con fuerza hacia atrás.

– ¡No más! – gritó Croft.
– A sus órdenes, mortal – Mannanan rió -. ¡Mi poder caerá sobre ti!

Lara entrecerró los ojos, agarrando el fragmento de armadura que había conseguido al desenterrar el alma de Mannanan. Cuando éste pretendía reintentar el golpe fallido, la joven le tiró la armadura cual disco volador, haciendo que el guerrero gritase dolorido.

– ¡NO! ¡ESTO NO SE ACABA AQUÍ! – exclamó, mientras hacía aparecer un caballo negro prácticamente con sus mismos rasgos. Montó en él y salió de la tumba, traspasando el techo.

Lara observó la escena, cogió el fragmento de armadura, guardó ésta en su mochila y empezó a caminar hacia la salida.

– Ha faltado poco… –

CAPÍTULO 3: ALMA ROTA

Lara Croft salió de las catacumbas bastante dolorida. Sentía cómo una fuerza extraña recorría el interior de su cuerpo. Algo iba mal. Se subió en la moto, que permanecía a pocos metros de la entrada a la tumba y golpeó el auricular, que volvió a dar señal.

– Chicos, ¿estás ahí? –
– ¡Lara! ¿Qué es lo que ha pasado? Lo hemos visto todo, pero no podíamos entrar en contacto contigo – explicó Zip.
– No ha ido todo como esperábamos. Será mejor que vuelvas – concluyó Angel.
– A ello voy. Nos vemos en unas horas –

MANSIÓN CROFT. SURREY, INGLATERRA.

Angel se encontraba en el centro informático, recabando información acerca de lo sucedido, cuando Lara entró en éste.

– No se te ve demasiado bien – anunció Angel, nada más ver a su compañera.

Lara tragó saliva y, después, soltó un breve suspiro.

– Porque no lo estoy, para serte sincera. ¿Qué ha ocurrido, Angel? – quiso saber la arqueóloga.
– Me temo que Mannanan ha roto tu alma al atravesarte – respondió Angel, leyendo un libro antiguo.
– ¿Qué quieres decir? –
– Que necesitas una cosa. De lo contrario, morirás –

El rostro de Lara se quebró por completo. Se sentó en la silla que más cerca tenía e intentó asimilar el suceso.

– Entonces, tendré que ir a por la cura –
– No en tu estado. Estás débil, si no descansas, tu energía se agotará antes –
– ¿Pretendes que me quede aquí viendo pasar lo que me queda de vida? – preguntó Lara, molesta.

Angel negó con la cabeza, tecleando algo en el ordenador.

– Ella lo hará por ti – afirmó él de forma seria, mientras giraba el monitor hacia Lara.

Croft apretó los labios y asintió decidida. Su cara de dolor lo decía todo, estaba mal. Una poderosa magia había resquebrajado su alma y solo un artefacto podía reestablecerla; la propia armadura de Mannanan.

– Acepto, pero más le vale que tenga cuidado. No quiero que le ocurra nada malo –
– Actuó bien en el Sahara, por lo que he decidido que fuera la encargada de ocuparse de la búsqueda. Al fin y al cabo, es una homóloga tuya –
– No te equivoques, cariño. Nadie está a mi altura en cuanto a buscar artefactos se refieres. Y lo sabes – alardeó Lara.
– Sea como sea, irá ella –

Lara Croft asintió de nuevo y se marchó hacia su dormitorio. Angel, sin embargo, se quedó ultimando los preparativos del viaje. Zip traería a la sustituta de Lara en breve.

– Espero no haberme equivocado, necesitamos rapidez – se dijo Angel a sí mismo.

Guió su mirada hacia la pantalla del ordenador y siguió tecleando en busca de datos sobre la localización de la siguientes piezas de la armadura. Cuanta más prisa se diera el equipo, antes resolverían el contratiempo.

CAPÍTULO 4: NO IRÁS SOLA

Elizabeth Grey llamó a la puerta principal de la Mansión. Winston abrió y recibió a la joven sonriente, acompañándola al vestíbulo del hogar.

Lara y Angel se encontraban sentados en los sofás del mismo, observando cómo Elizabeth se acercaba. Una vez junto a ellos, Angel se levantó y saludó a la invitada, mientras Lara lo hacía sin moverse del asiento, algo resentida por el hechizo.

– Bienvenida, Elizabeth – saludó Lara, esbozando una sonrisa torcida -. ¿Cómo estás?
– Bien, Lara. Gracias… ¿Y tú? –
– Sobreviviendo –
– No hay tiempo para conversar, tenemos que actuar rápido – interrumpió Angel, nervioso.

Angel alzó las cejas y acompañó a Elizabeth al centro informático. Lara, con ayuda de Winston, se levantó y les siguió al mismo.

– Grey, tu misión es encontrar tres fragmentos de armadura en las distintas localizaciones que te mostraré a continuación. No puedo asegurar que estén allí, pero según las aproximaciones y búsquedas realizadas en las últimas horas, hay muchas posibilidades –

Ella asintió levemente, atenta al monitor grande.

– Escocia, Alemania, España y Turquía. Esos serán los destinos asignados. Todos han tenido relación con los celtas, como supongo que habrás leído en el dossier que te mandé –
– Ajá, estoy bien informada. Y lista para salir en cualquier momento –
– Me gusta tu actitud, pero antes de eso te presentaré el equipo que llevarás a la expedición –

El asistente de Lara cogió un control remoto del escritorio y accionó el botón central, desvelando una falsa pared en cuyo interior se encontraban dos trajes; uno de mujer y otro de hombre.

– Tu traje cuenta con una camiseta azul ignífuga, acuática y anti-roturas. Por otro lado está tu pantalón, del mismo material que la camiseta pero de color crema. El calzado está hecho para todos los terrenos y facilita la escalada. Además, se incluyen un garfio magnético, una linterna y un auricular con cámara para seguir tu investigación de cerca. La pistola será una 9mm de alta potencia –
– Es fantástico – susurró Grey mientras se acercaba para ver el traje con más detalle -. ¿Y este colgante?
– Es una cruz celta, te protegerá de los males de Mannanan mientras la lleves, cosa que no hice yo… – respondió Lara, casi al instante.
– Interesante, ¿y por qué dos conjuntos? –

Angel entrecerró los ojos, inseguro.

– No lo sé –

Lara ladeó la cabeza para mirar a Angel fijamente.

– Porque tú irás con ella, vais a formar equipo durante el viaje –
– Eso no era lo acordado – se quejó Angel -. Yo debo trabajar desde el centro informático.

Croft negó con la cabeza, apretando los labios.

– No. Yo no voy a ir, así que las condiciones las pongo yo. Me da igual la experiencia que tenga ella, es mejor formar equipo –
– Está bien – aceptó Angel.
– Haremos buen equipo, Shields – concluyó Elizabeth, volviendo al centro de la sala.

CAPÍTULO 5: ALLANAMIENTO DE MORADA
JEDBURGH, ESCOCIA.Angel Shields y Elizabeth Grey se encontraban en las afueras de Jedburgh, en busca de una de las antiguas tumbas celtas que dejó dicha población siglos atrás. Angel conducía un Jeep campo a través, buscando las coordenadas exactas de los restos arqueológicos.

– Estamos cerca, Angel, continúa – alegó Elizabeth, sin apartar la vista del GPS.
– Confío en ello, entre viaje y viaje el tiempo se consume –
– Ajá… Ahora ve con cuidado, estamos a pocos metros del lugar –

Un rato después, Elizabeth le ordenó a Angel que detuviera el Jeep y ambos bajaron del vehículo con rapidez, encendido sus linternas al unísono para abrirse paso por el camino de noche.

– El GPS marca la posición de ese castillo como el punto exacto al que debemos dirigirnos – concluyó Elizabeth, antes de ponerse a caminar hacia allí.
– Vamos, no hay tiempo que perder – advirtió Angel, siguiendo a su compañera.

Ambos anduvieron hasta las puertas del castillo, las cuales estaban bloqueadas con decenas de piedras pesadas; Elizabeth observó los obstáculos y pasó su mano derecha por las piedras, identificando la dureza y resistencia de estas.

– Puede que una carga C-4 reviente los escombros de un plumazo –
– No queremos llamar la atención, Grey –
– Lo sé, pero tampoco tenemos otra opción viable, Angel. Y el uso de la fuerza es el más rápido de todos –
– Creo que podríamos escalar la pared del castillo para entrar por arriba –
– ¿Crees que habrá un acceso? – preguntó la joven.
– Es muy probable, vamos –

Angel lanzó su garfio hasta lo alto del muro y agarró el otro extremo de éste con fuerza. Elizabeth hizo lo mismo y ambos ascendieron por el castillo haciendo rápel. Cuando llegó arriba, Elizabeth se sacudió el traje y empezó a buscar una entrada alternativa, apuntando con su linterna hacia el suelo.

– Mierda, no encuentro nada – murmuró ella entre dientes.
– Sigue buscando –

De pronto, y mientras Elizabeth caminaba, el suelo se desplomó bajo sus pies, haciéndola caer.

– ¡Elizabeth! – gritó Angel, agarrando su mano al vuelo.
– Joder… Vaya entradita – masculló ella.
– No te preocupes, te tengo, voy a intentar averiguar la caída hasta el fondo – comentó, lanzando una piedra pequeña al hueco.
– No me sueltes… –

La piedra tardó unos dos segundos en caer, por lo que Elizabeth tragó saliva y asintió con la cabeza.

– Vale, libera mi mano –
– ¿Estás segura? –
– Lo estoy, vamos –

Angel acató la orden y soltó a Grey, haciendo que ésta cayese un metro y medio. Se reincorporó con rapidez e iluminó el camino con su linterna.

– Vía libre, vamos Shields –

Su compañero bajó de la misma manera y empuñó su pistola, a la vez que seguía a Elizabeth.

– Si estamos buscando una artefacto importante, supongo que tendremos que encontrar la sala principal del castillo – anunció Elizabeth.
– Ajá. Zip, ¿estás ahí? – preguntó Angel.

Zip entró en línea mediante los auriculares.

– Así es, junto a Lara. Acaba de indicarme que debéis descender por el castillo hasta la tumba más profunda. El camino no debe de tener pérdida, la construcción no es muy grande y cuenta con pocos desvíos. Si los mapas concuerdan, encontraréis una escalera de caracol que os llevará hasta un nivel inferior – explicó Zip, con rapidez.
– Entendido, cambio y corto – concluyó Grey.

El dúo prosiguió su aventura hasta llegar al final del camino, una puerta metálica daba acceso a las mencionadas escaleras. Elizabeth golpeó la puerta pero fue inútil.

– Está cerrada, y atrancada… –
– Vamos a intentar abrirla con un balazo – propuso Angel, disparando a la cerradura -. Nada.
– Las C-4 en el interior no servirían, se nos caería el techo encima – informó Elizabeth.
– Entiendo –
– Espera, creo que tengo una idea – dijo Grey, sacando de su mochila la parte de armadura que consiguió Lara, para golpear la puerta con ella, haciendo que esta se quebrase al instante.
– Hmm… Muy buen trabajo, Grey –

Ella esbozó media sonrisa y empezó a descender por las escaleras, encabezando la expedición.

CAPÍTULO 6: DERRUMBAMIENTO

Elizabeth Grey descendía por la larga escalera circular, mientras iluminada su camino con la linterna que tenía equipada, cuando de pronto un escalón se vino abajo y la joven tropezó hasta poder sujetarse a la pared que rodeaba la gran escalinata.

– Parece que hoy tengo poco equilibrio – murmuró mientras continuaba -. Cuidado atrás.
– Lo he visto, ¿estás bien? – preguntó Angel, sin dejar de caminar.
– Sí, estoy bien… – respondió Grey.

Ésta llegó al final de las escaleras y siguió avanzando por un pequeño pasillo hasta dar con otra puerta metálica, la derribó al igual que la primera.

– Parece que hemos alcanzado la tumba – informó Elizabeth.

Angel se aproximó a su compañera y suspiró levemente.

– Mansión, ¿lo veis? –
– Lo vemos – comunicaron Lara y Zip al unísono.
– Vamos a profanar otra tumba – alegó Elizabeth mientras empuñaba con fuerza su pistola, apuntando hacia el frente.

De pronto, un escalofrío recorrió el cuerpo de la pareja y una neblina apareció del fondo del subterráneo. Acto seguido, unos gruñidos se hicieron eco en el lugar, alertando al equipo.

– Daros prisa – susurró Lara por el micrófono -. Es él.

El dúo corrió hasta el final de la tumba e iluminaron el sarcófago, que estaba bien cerrado.

– Grey, cúbreme, yo me encargo de abrir esto – gritó Angel mientras se ponía manos a la obra.

La joven asintió y se colocó el collar con la cruz celta por encima de la camiseta, para darle visibilidad. Apuntó su arma hacia todas las direcciones de las que provenían los gruñidos, hasta que, de pronto, algo se le abalanzó.

– ¡Agh! – masculló Grey mientras lo esquivaba con destreza -. ¡Vamos, Angel!

El espíritu de Mannanan había resurgido en esta nueva tumba, sus ojos rojos brillaban llenos de ira y su hostilidad se hacía presente en toda la sala, debilitando al dúo. Segundos después de su aparición, se volvió a abalanzar contra Elizabeth y ella abrió fuego mientras le esquivaba una y otra vez.

En un momento de la batalla, el collar de Elizabeth se desenganchó y cayó al suelo sin que su poseedora se diera cuenta. Mannanan sonrió maliciosamente y Elizabeth se palpó el cuello, notando la ausencia del objeto.

– Mierda –

El guerrero se tiró hacia ella y, cuando estuvo a punto de atravesar su cuerpo, un nuevo fragmento del escudo atravesó al espíritu y lo hizo desaparecer de inmediato.

Elizabeth miró a Angel y sonrió como pudo.

– Gracias… – se limitó a decir, exhausta, mientras cogía el collar y el segundo fragmento de la armadura.
– No hay de qué, ahora, salgamos de aquí –

Tras pronunciar esas palabras, la capilla empezó a desmoronarse. Decenas de piedras caían desde lo más alto del lugar y ambos corrieron de nuevo hacia las escaleras, subiendo por ellas tan rápido como el cuerpo les permitía. Al llegar de nuevo al piso superior del castillo, atravesaron el pasillo por el que habían estado antes y observaron las posibilidades que había de huir.

– ¡POR LA VENTANA! – gritó Angel, momentos antes de que el dúo atravesara una gran cristalera.

Seguidamente, y al vuelo, se dieron la vuelta como pudieron y lanzaron el garfio hacia lo alto del castillo, para descender haciendo rápel. Tras abandonar la zona, observaron cómo el castillo se desplomaba ante ellos.

– Una pena, pero tenemos que lo queríamos. Hay que irse –

Angel y Elizabeth montaron en el Jeep, y condujeron de vuelta al corazón de la ciudad escocesa.

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