TOMB RAIDER: SINKING

Tomb Raider: Sinking (Hundimiento)
INTRODUCCIÓN
Después de que la Mansión Croft quedase destrozada debido al incendio provocado por la Doppelgänger de Lara, el equipo y ella se trasladaron a la segunda finca de las tres que le dejó Richard, su padre, en el testamento.
Estaba todo destartalado y sin amueblar, pero eso sólo duraría unos días, ya que Lara acababa de contratar a unos trabajadores para arreglar su nuevo hogar.
Era prácticamente igual que la mansión que habían dejado atrás, pero debía quedarse allí por lo menos hasta que la otra se restablezca.
Lara bajó al vestíbulo, en el que se encontró a Winston supervisando las obras.
– Parece que de momento todo va bien – admitió Lara.
– Así es, señorita Croft, aunque prefiero… vigilarles de cerca, ya sabe, por si acaso – explicó Winston.
– En efecto, gracias por todo Winston, por cierto, ¿has visto a Zip?, he de hablar con él – preguntó ella.
– Así es, está en el nuevo centro informático, quiere que todo esté bien ordenado – respondió el hombre.
– Gracias… nos vemos luego – concluyó Lara.
La joven caminó hasta el nuevo centro informatizado y allí se encontró a Zip, tal como Winston se lo había dicho, se encontraba mirando unos papeles algo extraños.
– ¿Qué es eso? – preguntó Lara con curiosidad.
– Los acabo de encontrar, son antiguos tratados que hablan de un artefacto, una especie de daga que quiso ir a buscar tu padre en vida, pero que nunca llegó a hacerlo – respondió Zip.
– Y… ¿en dónde se encuentra cierto artefacto? –
– Puede que no te lo creas… pero se halla – Zip tomó aire antes de continuar -. En México, concretamente en Ciudad de México, su capital.
– Bien… pues si mi padre iba en su búsqueda, yo iré también –
Lara dio media vuelta.
– Winston, prepáreme la equipación adecuada para México, toca trabajar, ya era hora de que volviera a la aventura –
CAPÍTULO 1: EL ASCENSO
CIUDAD DE MÉXICO. MÉXICO.

Lara se encuentra escalando una de las montañas más altas del extrarradio de la capital Mexicana. Sin material de escalada adecuado, simplemente con dos piernas y dos manos.

– Zip, ¿cuáles son los últimos registros de la búsqueda de mi padre? – preguntó Lara mientras seguía concentrada en la montaña.
– Pretendía subir a la montaña que estás escalando en estos momentos, pero al parecer tuvo que volver cuando le informaron de tu accidente en Nepal, y nunca más volvió a México – respondió Zip desde la Mansión Croft.
– Ajá, entonces puede que encontremos algo que nos llame la atención allí arriba – sugirió la señorita Croft
– Ese es el caso, Lara… Pero ten mucho cuidado – advirtió Zip.
– Lo tendré, corto –

Lara continuaba subiendo la montaña hasta que llegó a una parte más alta de esta para poder descansar, unos minutos más tarde continuó con el alpinismo hasta que logró escuchar un sonido ensordecedor, al parecer de helicóptero…

“¿Pero qué? – pensaba Lara .- Aquí no se puede acceder con helicóptero, el desprendimiento está asegurado”.

Lara echó la mirada hacia atrás para saber con certeza de qué se trataba.

El helicóptero ascendió hasta llegar a su altura y Lara pudo ver en él a Amanda Evert saludando. Lo pilotaba uno de sus matones.

– ¿Qué haces aquí? – gritó Lara -. ¿Acaso no sabes del peligro que corremos todos en esta montaña por tu incompetencia? Con ese helicóptero podrías provocar un desprendimiento.
– No me importa Lara, no después de lo que hiciste en Nepal – respondió Amanda.
– Te disparé porque intentaste matarme, tuve razones suficientes y lo sabes – se defendió Lara.
– Como quieras Lara, no tengo nada más que hablar contigo. Nos vemos en la cima –

El helicóptero de Amanda continuó ascendiendo, Lara se puso manos a la obra y siguió escalando. Amanada no estaba ahí por nada, seguramente supiese lo del artefacto de mi padre. Pero no sé cómo o dónde ha conseguido esa información, no lo sabía ni siquiera yo.

Lara continuó escalando la montaña más rápido que antes, Amanda no iba a hacer nada bueno, eso era seguro. Pero la arqueóloga estaba dispuesta a pararla los pies antes de que fuera demasiado tarde. No podía perder ni un segundo, Amanda no podía adelantarse a su descubrimiento porque sino nunca averiguaría lo que ocultaba su padre.
CAPÍTULO 2: LA LLEGADA

Zip entró sobresaltado por el comunicador.

– ¿Se puede saber que hace Amanda ahí? Te juro que yo no la he dicho absolutamente nada –
– No lo sé Zip, pero no me trae nada bueno, ella me da muy mala espina y si hubiera querido frustrar mis planes ahora podría haberme matado directamente, como intentó hacerlo en Nepal… – explicó la arqueóloga.
– Espera, Amanda estuvo con Natla una larga temporada y Natla conocía mucho acerca de tu padre, quizás venga ahora para ver qué era lo que buscaba allí arriba – dijo Zip algo confundido.
– Ya me espero cualquier cosa Zip, solo sé que podré verlo con mis propios ojos. Acabo de llegar a la cima y veo el helicóptero de Amanda unos metros más adelante, esto es enorme. Voy a ello – informó Lara.
– Ten cuidado Lara, sus hombres te estarán esperando, te dejo tranquila – concluyó Zip.

La arqueóloga observó su PDA para comprobar gracias al radar si había algún sujeto cerca de ella y así era.

Lara desenfundó sus dos pistolas y se acercó de cuclillas hasta llegar al transporte de Amanda, uno de sus mercenarios se encontraba apoyado en él. Pero ella estaba segura de que ese no había sido el piloto que vio mientras ascendía hasta la cima. Se acercó por su espalda y le agarro del cuello para después noquearle y tirarlo al suelo. Siguió su camino hacia lo que parecían unas minas abandonadas. Amanda y su equipo deben de estar allí.

Dos de sus matones vigilaban la entrada a la mina. Llevaban unas ametralladoras pesadas, Lara los observó desde una distancia en donde no la vieran y les rodeó. Unos segundos después Lara entró en acción y saltó hacia ellos mientras disparaba. Los matones no tuvieron tiempo de reaccionar y cayeron culminados.

– ¿Qué ha sido eso? – gritó un hombre en el interior de la mina.
– No lo sé, vete a mirar y saldrás de dudas – le respondió otro amargamente.

Lara se pegó a la entrada de la mina a la espera de que llegara el mercenario, y cuando lo hizo le dio un golpe en la cabeza con una de sus pistolas.

– Será mejor que estés calladito – susurró Lara mientras se adentraba más en la mina.

Una vez en el corazón de esta, se ocultó tras una roca y pudo ver a Amanda con otros tres hombres inspeccionando una abertura en el suelo de la mina.

– Traed algo para abrir esto – se quejaba Amanda.
– Hacemos lo que podemos, no sabemos de qué material está hecho este suelo, todo se nos podría venir abajo – refunfuñó uno de sus mercenarios.
– ¡Me da igual! ¡Abridlo aunque sea lo último que hagáis! – gritó de nuevo Amanda.

Lara se acercó poco a poco a ellos, apuntó a uno de sus hombres con una de sus armas y acabó con él.

– ¡Tú otra vez! – se sorprendió Amanda mientras se daba la vuelta para ver a Lara.
– ¿Qué es lo que buscas, Amanda? – preguntó Lara intrigada.
– Lo mismo que tú – la dijo agarrando un cilindro de dinamita con su mano derecha -. Y este es tu fin – la dijo mientras lo encendía y tiraba por la grieta del suelo.
– ¡Espera! ¿Qué? –

Amanda salió corriendo antes de que el suelo temblara, todo se movió y el terreno empezó a romperse. Lara iba a caer por el agujero. Vio a otro matón de Amanda gritar justo en el momento en el que le aplastaba una roca del techo. Todavía quedaba otro, que luchaba por intentar sobrevivir.

Lara intentó retroceder por donde había entrado para conseguir salir de la mina pero al equivar unas piedras que caían del techo se resbaló, no podía agarrarse a nada por mucho que lo intentara y cada vez perdía más los nervios en su objetivo de volver a tierra firme pero… Su caída era totalmente irremediable.

CAPÍTULO 3: HUNDIMIENTO


INTERIOR DE LA MINA.

Lara estaba cada vez más cerca de ese inmenso agujero sin fin. No sabía qué podría haber al fondo… Estaba asustada, todo le recordaba a Egipto, la tensión de saber que estás sola en ese momento, que alguien que fue tu amigo un día ahora te vaya a dejar morir así. Es algo cruel, Lara no murió en Egipto por un golpe de suerte, pero esto es diferente… Ahora no tiene escapatoria alguna.

Miró a izquierda y derecha, tenía la visión borrosa y se quedó tan helada que apenas sabía que podía hacer en ese momento. ¿Sería ese su final? No puede ser, ha vivido tantos momentos duros, pero no como ese, Egipto la dejó marcada de por vida. No volvería a ser la misma. Allí consiguió sobrevivir por puro milagro, pero esta vez era totalmente diferente, un miedo a tal suceso como fue aquel no se olvida simplemente con el paso de los años.

– Si caigo, puedo encontrarme con cualquier cosa… Pero no puedo arriesgarme – gritaba Lara con la poca fuerza que le quedaba.

En su intento de visualizar algo a lo que poder agarrarse divisó al tercer hombre que estaba con Amanda, a diferencia de los otros dos él no era un mercenario. Era un adolescente, moreno con los ojos verdosos. No entendía la razón por la cual alguien como él se encontraba en la misma situación que la arqueóloga pero ahora no era tiempo de pensar en nada más que en cómo salir de la situación, cosa que se hacía más difícil a cada segundo que pasaba.
 
– Deme la mano señorita Croft – le ofreció el joven. Pero, a pesar de su buena apariencia, ¿podría confiar en él?
– No creo que consiga llegar, estás demasiado lejos – dijo Lara estirando la mano todo lo que podía. Sin ni siquiera pararse a pensar por qué ese sujeto la conocía. ¿Quizás por Amanda?
– Tengo una idea, la única forma sería saltar hacia mí. Es la única forma – sugirió el chico.
– Es demasiado arriesgado, pero… – Lara se lo pensó durante unos segundos, hiciera lo que hiciera corría el riesgo de caer. Puede que eso la salvase.

Lara pegó un salto bien calculado en dirección a la mano del desconocido. Los nervios se apoderaron de ella segundos antes de que… Consiguiera cogerle la mano, le agarró con mucha fuerza e intentó recuperarse.

– Te tengo – gritó el hombre eufórico.
– Gra… Gracias -terminó diciendo Lara con su último aliento.

Momentos más tarde sonó algo que se resquebrajaba, era el pilar en el que se agarraban los dos. Este se partió por la mitad y resbalaron hasta la cornisa del hoyo. Lara se agarró como pudo y agarro al desconocido como él le había agarrado antes. Pero su mano se resbaló y cayó directamente al vacío… Lara quiso gritar pero no encontró su voz, una pequeña piedra cayó en su mano e hizo que esta se desenganchase del saliente. Le quedaba la otra mano, que poco a poco se resbalaba debido a la tierra.

La joven arqueóloga estaba a punto de caer y no podía hacer nada al respecto, la suerte estaba echada y podía pasar cualquier cosa, el fondo era una mar de color negro en el que no se podía ver nada. Ahí abajo podría haber cualquier cosa pero Lara no aguantaba más y su final podía estar muy cerca. Miraba a su alrededor en busca de una enredadera a la que poder aferrarse o cualquier cosa firme que le sirviera de agarre, pero fue en vano y no encontró nada.

Hasta que finalmente Lara terminó por soltarse y caer al vacío…

CAPÍTULO 4: EL DESPERTAR


FONDO DE LA MINA.

Unos minutos más tarde la arqueóloga se despierta sobresaltada después de la caída. Estaba confusa y desorientada, intentando mantener sus pensamientos en orden.

“No recuerdo nada, absolutamente nada. Debí caer y perder el conocimiento muy rápidamente, lo curioso es que esté bien” – pensó ella.

Levantó la vista y observó un grupo de árboles en la caída del agujero, eso fue lo que debió frenarla, aunque no completamente. Lo mejor ahora sería investigar un poco y encontrar una salida, pero antes debo buscar al chico que me ayudó como pudo. Espero que haya corrido la misma suerte que yo, porque si es así no debería andar muy lejos ya que dudo mucho que se haya ido por su cuenta. Aunque no sé en qué pensar ahora.

La sala en la que se encontraba estaba llena de enredaderas por las paredes, la arboleda predominaba en el suelo y apenas había luz, sino fuera por la que entraba a través del agujero por el que Lara había caído. Pero eso no bastaba para iluminarla toda por lo que Lara encendió su linterna y se dispuso a ponerse en pie.

Se levantó con dificultad, estaba mareada y algo desorientada. Poco después empezó a caminar en dirección a la única “puerta” que había en esa sala. Debía ser otra entrada de la mina o de otra diferente a la de arriba.

– ¿Hay alguien por aquí cerca? – gritó Lara para asegurarse de que el joven no se había quedado atrás.

Al poco rato de seguir avanzando Lara escuchó un grito que provenía del interior de ese pasillo. La arqueóloga corrió hacia él y se encontró con el chico de antes.

– Por fin te encuentro, pensé que te había pasado algo – explicó Lara.
– Ni mucho menos, fui a buscarte pero al parecer seguías en aquella sala, no te pude ver con la poca luz que hay en este maldito lugar. Por cierto, mi nombre es Cambret, Alex Cambret y tengo 16 años de edad. Ver a Lara Croft en persona… Eres increíble – admitió Alex.
– Alex, pues sí que eres joven. ¿Y qué es lo que haces aquí? – preguntó ella.
– Soy un joven historiador que llegó a México para hacer un reportaje acerca de los diferentes misterios del lugar, pero cuando Amanda supo de mi presencia me obligó a acompañarla hasta el interior de la mina. Estaba buscando un artefacto que no llegó a nombrar –

Lara frunció el ceño y lo miró fijamente.

– Pese a todo, lo importante es que estás bien, será mejor volver a la superficie. Espera, ¿has dicho que eras historiador? ¿No eres un poco joven para…? –
– Eso me dicen todos pero no es así, me apasiona la historia y hay gente que me ha dicho que soy mucho mejor que personas veteranas, pero no sé. Yo hago esto por puro hobbie – interrumpió Alex.
– Es bueno saberlo, ahora, salgamos de aquí – concluyó Lara mientras continuaba avanzando por el pasillo.

CAPÍTULO 5: SECRETOS DE ULTRATUMBA


Lara y Alex se encaminaban hacia otra sala contigua a la anterior. Su principal preocupación era encontrar una salida de la mina. Lara seguía intrigada por el artefacto que iba buscando su padre, ella sabía que se acercaba a su ubicación. Pero no estaba del todo segura.

– Alex, seguramente no sepas por qué estoy aquí, pero voy en busca de una antigua daga que se ocultaba en el interior de esta montaña… Y deduzco que Amanda también iba tras su pista – comentó Lara.
– Una daga oculta en esta mina, eso es lo que buscáis. Pues ahora mismo solo se me ocurre una posibilidad: La Daga de Minage, un artefacto antiguo que los marineros españoles encontraron cuando conquistaron México. Desgraciadamente se les prohibió sacarla de territorio mexicano porque se decía que quien se atreviera a robarla de su lugar de origen sería maldecido de por vida – explicó Alex.
– Es una historia interesante, y exactamente es la Daga de Minage… Esa era la Daga que buscaba mi padre en vida –
– Pues entonces será mejor que la encontremos – sugirió Alex.

Minutos más tarde llegaron a otra sala al aire libre, no había salida alguna por los lados pero al final de esta había una pared enorme, en la punta más elevada de esta se encontraba una pequeña abertura rectangular. No había salida alguna que no fuera esa, por lo que no les quedaba otra que empezar a escalar. Mientras se acercaban empezó a llover.

Oyeron detrás de ellos unos rugidos y cuando se dieron la vuelta vieron a dos guepardos que iban tras ellos, correr era su única alternativa.

– ¡Alex corre! ¡Debemos llegar hasta el muro! – gritó Lara mientras empezaba a correr.

Alex iba algo más rápido que ella, y cuando consiguieron agarrarse a uno de los salientes del muro Lara desenfundó una de sus pistolas y empezó a disparar a los felinos hasta acabar con ellos. Respiraban agitadamente, fueran por donde fuesen siempre se encontraban con algo peligroso de los que tuvieran que escapar.

Empezaron a subir poco a poco, cada uno iba por su camino, en ningún momento dependieron el uno del otro. Lara se quedó sorprendida al ver la fortaleza física del joven, hasta que llegaron a la parte más alta de la pared. Se asomaron por el hueco y a lo lejos vieron luz solar y un templo. Tenían la salida de la mina asegurada, ahora solo les quedaba investigar el templo que podría ocultar la daga en su interior y después deberían buscar una salida rápida de la montaña. Ya era hora de que la pareja pudiera descansar un poco tranquilos después de todo lo que les había pasado hace pocos minutos, o quizás horas… Porque ninguno de los dos recordaba cuánto tiempo habían estado inconscientes cuando cayeron desde aquel agujero. Pero ahora, ya les quedaba muy poco.

CAPÍTULO 6: DESCENSO HACIA EL TEMPLO

 

Cuando subieron se refugiaron en el hueco que había entre la sala anterior y la siguiente. El Templo se veía lejos, al fondo del todo, pero no les quedaba otra que dirigirse hacia allí para conocer el verdadero secreto de la Daga de Minage, y con suerte, salir de allí con vida.

Quisieron esperar a que la lluvia cesara, pero como esto no llegaba empezaron a descender por la otra pared del muro, sin duda era mucho más difícil que la subida, porque cualquier paso en falso y caías directamente al vacío. Y abajo del todo ya no había nada que pudiera salvarte la vida.

Unos pocos minutos más tarde descendieron hasta abajo del todo y empezaron a caminar en dirección al Templo. Lara desenfundó sus pistolas por si algún animal salvaje se acercaba a ellos como había pasado anteriormente. Los dos compañeros tenían los ojos puestos en todo aquello que pudiera suponer el hecho de correr algún peligro.

– Y dime Lara, ¿conocías a Amanda? – preguntó Alex tras unos minutos de silencio.
– Sí, digamos que fue una de mis mejores amigas cuando íbamos a la Universidad. Pero un desafortunado accidente hizo que la dieran por muerta, y no volvimos a saber de ella. Años después regresó e intentó matarme – respondió ella.
– Esto, lo siento… Debe de ser duro que un viejo amigo intente acabar con tu vida – pensó Alex.
– Así es, pero he vivido experiencias suficientes como para estar acostumbrada a algo así. No te preocupes –

Lara esbozó una sonrisa mientras miraba a Alex y este le dedicó otra.

– Ha sido genial conocerte, ahora solo espero que podamos volver sanos y salvos a la civilización – comentó Alex.
– Tranquilo, por supuesto que volveremos. Quizás en el Templo encontremos las respuestas que buscamos – le animó Lara.
– Sí, estoy seguro de que la Daga de Minage nos espera impaciente – bromeó Alex.

Lara hizo caso omiso de aquel comentario pero al fin y al cabo no pudo evitar reírse. Ya estaban cerca del Templo Sagrado del que habla la leyenda, al parecer solo se puede acceder por la montaña, pero, ¿de dónde entraba la luz? Una hora y media más tarde llegaron hasta los pies del Templo hacia el que iban. Podían encontrarse cualquier cosa ahí dentro, pero estaban preparados para todo.

– Adelante – dijo Lara mientras empezaba a subir las escaleras que llevaban a la entrada del Templo.
– Vamos – la siguió Alex.

CAPÍTULO 7: EL TEMPLO

Lara y Alex se introdujeron en el Templo lentamente, podía haber cualquier tipo de trampa mortífera ya que cada pocos minutos se encontraban un cadáver descompuesto. Seguramente de los marineros españoles u otros exploradores que intentaran birlar ese artefacto cuyo poder se basaba en un maldición. Pero, ¿habría más?

Llegaron a un punto en el que el camino se veía interrumpido por un largo hueco sin fin, con un salto nadie sería capaz de cruzar ese abismo, ni siquiera Lara. Buscaron otro método de cruzar y lo encontraron, pero no era del todo muy convincente.

– Alex, ¿ves ese pilar de allí? Tengo pensado agarrar un extremo del garfio magnético en él. No hay nada metálico a lo que poder aferrarse aquí ni fuera. Después intentaré agarrar el otro extremo en el pilar que hay al otro lado del abismo, quizás así podamos cruzar, pero es muy arriesgado  – explicó Lara.
– No hay problema Lara, yo tengo buen equilibrio y no creo que me precipite al vacío. Cuando quieras – añadió Alex.
– Ese es el problema, yo creo que lo mejor sería que me esperases aquí por si hay problemas y no podemos volver, además también corres el riesgo de caerte – sugirió Lara.

Alex se quedó pensativo por un momento y negó con la cabeza.

– No, si hacemos esto lo hacemos los dos. O salimos todos vivos o ninguno – insistió Alex.

Lara sonrío al ver la gran valía que tenía el joven diciendo eso, aunque conocía el riesgo, cruzarían los dos.

– Adelante – dijo Lara mientras enganchaba el primer extremo del garfio en un pilar y hacía un nudo fuerte para enganchar el otro extremo al pilar de enfrente. Una vez lo hizo tiro el cable y este se introdujo a la primera por el pilar.

– ¿Quién va primero? – preguntó Alex mientras miraba hacia el fondo del abismo, que parecía no tener fin.
– Yo primero – contestó Lara mientras se subía al cable y empezaba a caminar por él hasta llegar al otro lado.
– Parece que es mi turno – dijo Alex al subirse al cable.
– Por lo que más quieras, ten mucho cuidado – le advirtió Lara mientras apretaba sus labios con fuerza.

El joven miró a la arqueóloga fijamente, no quería mirar abajo por temor a caer. Empezó a avanzar cuidadosamente mientras veía la cara de Lara, parecía mucho más angustiada pero segura en él. El chico llegó poco después a la otra parte del abismo. Lo había conseguido.

– Has estado genial – le felicitó Lara.
– Gracias, aunque lo he pasado mal – admitió Alex.
– Es normal, dejemos el cable aquí para la vuelta, no hay tiempo que perder – se apresuró a decir Lara mientras corría hacia el corazón del Templo.

Alex la siguió a su mismo paso y al poco llegaron, la Sala Ceremonial. En ella descansaba un rey dentro de su ataúd, al final de la Sala, y a su lado la que debía ser su esposa. La Sala era gigantesca, esto debió de ser un palacio antiguo, sin duda alguna. Y en el centro se hallaba la Daga de Minage dentro de una cúpula de cristal, apoyada en un cojín bien conservado.

– Hemos llegado, ahora a por la Daga – dijo Lara mientras se acercaba a la pequeña cúpula e intentaba levantar el cristal.
– ¿Está sellado? – le preguntó Aex a Lara al ver que esta no podía arrancarlo de su sitio.
– Me temo que sí, necesitamos algo para abrirlo. Algo que pueda fragmentar la cúpula en mil pedazos – opinó Lara.

Alex guardó silencio y empezó a observar la sala por completo, buscando algo que les ayudase. Y lo encontró al poco rato; se trataba de una extraña maza que aparentaba ser muy pesada.

– Allí Lara – le dijo Alex mientras señalaba el arma con el dedo.
– Bien pensado –

Lara corrió hacia la maza y la levantó con dificultad. La arrastró como pudo hasta llegar al pedestal en el que se hallaba el artefacto.

– Échame una mano para levantarla, no creo que pueda sola – pidió Lara.

Alex se acercó a ella y la levantó junto a ella a duras penas, pero lo consiguieron con gran esfuerzo.

– Hay que darle en todo el centro de la parte superior del cristal para romperlo – explicó Lara.

Alex asintió.

– ¡Ahh! – gritaron los dos al unísono.

El cristal se rompió y dejaron caer la maza con cuidado de nuevo en el suelo. Lara cogió la Daga y la examinó por un momento.

– Ya encontraremos otro lugar para seguir observándola – comentó Lara mientras se disponían a regresar por donde habían venido.

Pero de pronto algo les golpeó a los dos y cayeron al suelo fulminados.

Minutos más tarde se levantaron y vieron que la Daga había desaparecido. Había un rastro de botas de alta montaña en el suelo, por lo que Lara no se lo pensó dos veces.

– ¡Amanda! – refunfuñó.

CAPÍTULO 8: VENGANZA

Oyeron un desprendimiento y se quedaron quietos. Provenía del pasillo del abismo por el que habían venido.

– ¡Eso ha sido una explosión! ¡Los hombres de Amanda quieren sepultarnos aquí abajo! – gritó Lara con el fin de que Alex la pudiera oír.
– ¡Pues entonces habrá que correr! –

El dúo se dirigió a toda prisa a la cámara anterior y vieron que el garfio magnético seguía colocado en el mismo lugar de antes. Lara se dispuso a cruzar mientras veía que un conjunto de rocas caían bloqueando la entrada a la Cámara Ceremonial.

– ¡Date prisa! – exclamó Lara al llegar al otro lado.

Alex hizo caso a Lara y cuando se subió al cable empezó a tambalearse más de lo normal, pero consiguió llegar junto a Lara. Ella recogió el garfio y se lo volvió a colocar en el cinturón. Llegaron hasta la salida y vieron cómo el Templo había quedado sepultado debido a las explosiones. Lara apretó los dientes, en señal de furia.

– ¡VENGANZA! – gritó mientras corría hacia el muro que escalaron antes. Ahora este tenía un agujero en todo el centro, lo habían perforado solo para ahorrarse trabajo. Pasaron por el hueco y continuaron hacia el interior de la mina, Lara encendió su linterna hasta que llegaron a la zona en la que habían caído por primera vez. Los mercenarios habían desplegado una cuerda fija para bajar, y eso fue lo que Lara y Alex utilizaron para volver a ascender.

Al llegar arriba, salieron de la mina fría y oscura y vieron a Amanda montarse en su helicóptero seguida de algunos de sus hombres. Lara desenfundó sus armas y empezó a disparar contra el vehículo. Esto hizo que se rompiera el cristal delantero y una de sus alas giratorias.

– ¡Déjalo Lara! – refunfuñó Amanda al ver que caerían de un momento a otro. Esta saltó de nuevo al suelo y el helicóptero voló un poco antes antes de caer directo al suelo.

Una nube de humo obligó a Lara y a Alex taparse los ojos, cuando el humo se dispersó Lara caminó hacia los restos del siniestro y encontró la Daga de Minage arrojada unos metros más lejos del helicóptero.

– Amanda se ha ido – informó Lara mientras cogía el artefacto con las manos y lo guardaba en su mochila.
– Y supongo que ahora nos iremos nosotros – sonrió Alex.
– Así es, ya es hora de volver – dijo Lara.
– Pero, ¿cómo volveremos? – preguntó Alex preocupado.
– En eso – respondió Lara mientras señalaba un helicóptero que les arrojó una escalera de mano. Los dos subieron y una cara conocida para Lara la sonrió aliviado.

CAPÍTULO 9: VUELTA A CASA

 

– Zip… No sabes cuánto me alegro de verte, por cierto, ¿cómo me has encontrado? Intenté hablar contigo por el intercomunicador pero no había señal – preguntó Lara aliviada.
– Bueno, eso no quiere decir que tu localizador GPS no funcione, además, yo he venido a las coordenadas exactas en donde se hallaba esa Daga – respondió Zip.

Lara asintió mientras sonreía.

– Bien, así me gusta – añadió Lara sacando la Daga de su mochila -. La búsqueda ha sido realizada con éxito, tenemos lo que mi padre buscaba.

Zip se dio la vuelta para observar la Daga y vio a Alex.

– Perfecto, ¿quién es el chico que te acompaña? – preguntó Zip confuso.
– Es Alex, un joven de 16 años apasionado de la Historia y la Arqueología – dijo Lara orgullosa.
– Así es, un placer – comentó Alex.
– Lo mismo digo – concluyó Zip.

El helicóptero ya iba de camino a Londres, sería un viaje largo, pero no les quedaba otra. Lo bueno es que habían escapado de las garras del Templo de México, y de su maldición, aunque Lara solo esperaba que fuera otro mito más.

Alex rompió el silencio pasados unos minutos.

– Gracias Lara, sin ti ahora mismo estaría muerto –

Lara se sorprendió al escucharle, y le respondió casi inmediatamente.

– Soy yo la que tiene que darte las gracias, Alex, tu me guiaste hasta el artefacto. A diferencia de otros que he recuperado este era inaudito para mí, no sabía nada de él, los libros en los que busqué información también resultaron inútiles –
– Eso es porque este artefacto ha estado oculto durante mucho tiempo, yo conocí la historia hace mucho tiempo, aunque no recuerdo cómo – explicó Alex.
– Lo importante es que lo tenemos, ahora solo queda saber por qué mi padre iba tras él con tantas ansias, nunca algo le produjo tanta inquietud, o, al menos eso es lo que dicen sus archivos – admitió Lara.
– Todo se resuelve, tarde o temprano, pero se resuelve – añadió Alex.
– No te quepa la menos duda, no hay pregunta sin respuesta –

Todos permanecieron callados durante el viaje, Zip estaba concentrado en pilotar el helicóptero, Alex pensaba en todo lo que había vivido durante los dos días que había estada en México; ya tendría un buen reportaje que hacer y Lara no podía dejar de examinar la Daga en busca de algo que le diese información útil. Pero lo que más le llamaba la atención era cómo Amanda conocía el artefacto que Lara buscaba.

EPÍLOGO


LONDRES. REINO UNIDO.

Cuando llegaron a la Mansión Croft ya había anochecido por completo, las luces de la Mansión estaban encendidas. Lo último que recuerda Lara antes de su viaje era la conversación que había tenido con Winston por el tema de los obreros… Ahora estaba deseosa de ver el resultado final de las obras, eso si estaban acabadas.

Abrieron la puerta y se encontraron con el mayordomo esperando su llegada.

– Winston – exclamó Lara al entrar.
– Señorita Croft, ¿cómo está? – le preguntó él con una gran sonrisa al ver que volvía a casa.
– He estado mejor, pero sigo viva, y eso es lo importante. Por cierto, este es Alex, es un apasionado de la Historia y la Arqueología, lo conocí en México. Amanda le obligó a “trabajar” para ella – le explicó Lara con detenimiento.

Así se presentaron y una vez más tranquilos se acomodaron en los sillones del salón para contarles la experiencia vivida. Se tiraron largas horas detallando todos los sucesos que habían vivido, que estuvieron cerca de la muerte pero la esquivaron. Y que sobre todo, el haber actuado en equipo había sido lo mejor del viaje de Lara. Alex le había sido de mucha ayuda en esta aventura.

A la mañana siguiente:

Lara se encontraba leyendo un libro en el mismo sillón en el que había estado sentada la noche anterior. Se había quitado el traje de expedición y ahora estaba con algo más cómodo, una camisa y unos pantalones de color negro. Cuando la arqueóloga le vio bajar las escaleras sonrió y le hizo saber algo que jamás olvidaría.

– He logrado contactar con tus padres y les he contado todo, también les he hablado de que me gustaría tenerte aquí como mi Aprendiz y han quedado encantados con la noticia. Han aceptado. Pero ahora está en tu mano decidirlo definitivamente, tus padres están en Londres y recuerda que puedes visitarlos cuando te plazca – le contó Lara.

Alex se quedó mudo, no tenía palabra alguna, su piel estaba blanca pero al poco acabó reaccionando.

– Creo que la respuesta está muy clara y sé que esta será la mejor decisión que habré tomado en mi vida y nunca me arrepentiré de ella. Acepto – afirmó Alex decidido.
– En ese caso, bienvenido a la familia – concluyó Lara mientras se levantaba y le daba un fuerte abrazo.

FIN

4t18

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s